NUESTRA FUNDADORA, NOMBRADA VENERABLE POR EL PAPA

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El pasado 9 de octubre el Papa Francisco firmó el Decreto para la causa de los santos, en el que se declara que Madre Francisca del Espíritu Santo (Carolina Barón) es Venerable, una gran alegría de todos nosotros.

Así, son reconocidas las virtudes heroicas de la fundadora de la Congregación Franciscana, un motivo de dar gracias por esta gran mujer, que está al comienzo de la Congregación. Muchas educadoras y educadores, a lo largo de todos estos años, vivieron decididos a entregar su vida, a la causa que para ella fue un reto apasionante.

La vida de Carolina

Carolina Barón realizó sus estudios en un internado de las Hermanas de San José de Lyón, en Saint-Pons, y al finalizarlos, entró en el Noviciado de estas Religiosas, tomando el hábito en 1.837.

Durante los años que pasó en aquella Congregación, desarrolló su misión en tareas educativas, respondiendo con gran entrega y éxito desde las clases y la dirección de varias escuelas. Desde 1.856, tiene que compaginar la tarea educativa con jóvenes, con la Formación como Maestra de Novicias.

Las dificultades del trabajo y las de la convivencia se multiplican para ella y comienzan unos años de prueba en los que trata de buscar la voluntad de Dios, y que fueron ocasión para su iniciación en la escuela franciscana, ya que acudía frecuentemente a hacer oración y a buscar luz a una capillita dedicada a San Francisco de Asís, cercana a la escuela de Lézignan, donde entonces residía.

Pocos meses después, modelada ya por el espíritu de Francisco, e interpelada por los signos de su tiempo, el 19 de Marzo de 1.861, tiene lugar la fundación de la Congregación, en la capilla del Obispado de Montpellier; uniéndose a ella tres jóvenes compañeras, Maria Nougaret, Felicia Bras y Ana Martinolet. El 3 de Abril de 1.861, las hermanas se instalan en Saint Chinian, cuna de la Congregación.

“…Dios sabe a donde me lleva; yo no hago mi obra suya” (M. Francisca del Espíritu Santo)

Madre Francisca del Espíritu Santo, era consciente de no inventar nada nuevo como fundadora. Para ella San Francisco había dicho ya todo. Ella procuraba solamente adaptar la Regla de la Tercera Orden Franciscana a la exigencias de la vida moderna. Nunca obró sola, sino siempre como Iglesia, pedía consejo a su Obispo, contando siempre con la participación de sus hermanas.

Al cabo de cinco años de existencia, la comunidad cuenta con 25 hermanas. El momento de extenderse ha llegado.

Madre Francisca, buscando transmitir los valores evangélicos de fraternidad y minoridad, orientó las actividades de la Congregación según las necesidades de su época. Encontramos a las primeras hermanas, educando a niños y jóvenes en escuelas y orfanatos, atendiendo a enfermos y ancianos, participando en las catequesis parroquial etc., siempre en medio de una gran pobreza, apoyadas en la fuerza del Señor. Francisca del Espíritu Santo, recordando el interés de Francisco porque los Hermanos tuvieran, por encima de todo, el espíritu del Señor, recomienda a sus hermanas, a medida que los trabajos se van multiplicando: “Cuidad mucho que Dios sea el principio y el fin de vuestras acciones”

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